Como con muchas otras cosas, no es tanto que no me guste viajar, como que literalmente, NO ME GUSTA VIAJAR: el hecho del viaje, el ir de un sitio a otro, eso es lo que no me gusta. El pasarte media hora haciendo una maleta, otra media hora repasándola, y cuando llegas ver que te dejaste el cepillo y la pasta de diente, y dedicas la noche a limpiar los dientes con la lengua hasta que puedas comprarte un cepillo ahí. El saber que da igual cuanto revises los detalles, el viaje tardara mas tiempo del estipulado, y el 90% de las causas no son culpa tuya. Que encima haya gente quejándose de que no hayas podido controlar eventos que son putamente incontrolables. Llegar acojonado con una hora de antelación al aeropuerto o estación, para que luego ellos se retrasen dos horas y risas. Y a la vuelta te dejas una de tus camisas favoritas fuera de la maleta y nunca la ves de nuevo. ¿Y creéis que, aun así, esos sucesos van a impedirme viajar? Joder, claro que sí, un montón de veces. Solo que a veces la opción de no viajar es peor todavía, por lo que me armo de paciencia y voy. Y claro, pasan cosas:

            -Cuando nos perdimos dos veces seguidas (¿puedes perderte estando ya perdido? Aquí tenéis un debate para fascinar a vuestros amigos e impresionar a vuestras parejas) y recuperamos la ruta correcta cuando el conductor dijo “Tú confía”, dio un volantazo y cogió una salida de una rotonda que, sinceramente, estoy seguro de que fue aleatoria.

            -Cuando decidimos hacer un viaje de 8 horas, saliendo a las 23:00 de un día laborable. No olvido cuando, ya a solo una hora del destino, conmigo de copiloto y siendo solo dos, noto como en una curva suave, el coche no esta dando la curva, sino que sigue recto, y gritó “Tío, tío, ¡tío! ¡TIO!”. Despeja, recupera el control, y me comenta luego “Me has salvado la vida” y yo “No, no, he salvado la mía, salvar la tuya fue un beneficio colateral”.

            -Cuando estuve en Holanda, perdí la cuenta de cuantos trenes y buses cogimos mal. Y trenes y buses que cogimos bien, pero habíamos cogido el billete mal.

            -He visto mas pueblos del norte de España porque estábamos perdidos que porque realmente quisiéramos ir a ellos.

            -Cuando nos pasamos tanto tiempo cargando bolsas para una barbacoa mientras buscábamos donde estaban las parrillas que, cuando uno comentó de dar media vuelta y dejarlo, respondí que si alguien se volvía antes de encontrarlo nunca me dirigiera la palabra de nuevo, que íbamos a llegar por cojones (les pasó desapercibido que les estaba ofreciendo un win-win de manual).

            -He llegado a estar perdido en la puta estación de tren de Madrid, con un colega buscándome también medio perdido.

            -Cuando en un viaje sobrecargado que íbamos a ser cuatro en un coche, llenos de equipaje, tuvimos que llevar a un quinto porque cancelaron su autobús, y los 300 km que íbamos a llevarle se convirtieron en casi 600 (no se como coño fue, pero acabamos llevándole nosotros a su destino). Yo estaba convencido de que había perdido la movilidad en una pierna y se estaba gangrenando. Un pedo habría sido letal, no por el olor, sino por el espacio que necesitaba, el coche habría estallado.

            -Nunca me ha pasado, pero ya escuché suficientes historias para dar por cierta la leyenda de “llevar a alguien en el maletero”.

            -Cuando me equivoqué de estación de tren (soy imbécil, joder, no queda otra, soy imbécil) y tuve que recorrer la teórica media hora que había entre las dos en diez minutos, cargando la mochila tras de mí.

            -Cuando tenia que ir a una casa donde hacíamos fiesta, a medio camino el GPS enloqueció (de tal palo tal astilla) y me mandaba a un descampado una y otra vez.

            -Cuando a un amigo mío le vendió el blablacar que tenia que recogerlo en el aeropuerto, y se encontró a las tantas de la noche en un aeropuerto a 200 km de su casa.

            -Cuando fuimos a una ciudad de fiesta en dragón, y el dragón que tenia que traernos de vuelta se había ido primero y… no tengo claros los detalles. Fue un fin de semana raro.

            – ¿Veis eso de las películas de que hay uno montado en un tren que esta arrancando, y el colega aparece corriendo en paralelo al tren, golpeando el cristal, pero evidentemente el tren no para y el subnormal que va corriendo lo pierde? Yo. Yo fui ese subnormal una vez.

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Categorías: Texto

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