En mi carrera se decidió hacer un alarde de originalidad que nadie había pedido, y el trabajo final de carrera en lugar de ser individual, era por grupos de diez personas. Diez putas personas trabajando juntas en un proyecto QUE NO ESCOGIAS TÚ y que se consideraba la asignatura mas devoradora de tiempo del último año. Hard, hard party, vamos. Nuestro tema fue, mas o menos, “Piscifactoría para invertebrados marinos en el Cantábrico”. Que yo no se poner una bombilla, pero bueno, ahí teníamos que hacer una instalación entera como si quisiéramos hacer la empresa. Y menuda empresa. Los próximos Bill Gates, no te jode. No se cual era el objetivo real, pero aprender, aprendí unas cuantas cosas sobre la vida y la gente:

            -Cuando una chica del grupo que en ese momento estaba estudiando donde poner la piscifactoría vino a la reunión y nos soltó con sus cojones “En esta ciudad no lo pondremos, he dedicado mucho tiempo a examinar las zonas, y os voy a explicar el porque he descartado este sitio”. Pues nada, media hora escuchando sus razonamientos. Un mes después, escogimos ese sitio. Media hora de mi vida tirada a la puta basura porque alguien quería lucirse.

            -Esa misma chica (cuando alguien ha sido bendecido, ha sido bendecido y punto) intento convencernos de que lo mejor era criar medusas, secarlas, hacer harina de medusas y vender galletas de medusas. Por supuesto, añadiendo que teníamos que crear la necesidad de que consuman galletas de medusa. Ella si que debía de estar consumiendo medusas en ese momento. Un amigo mío, también en el grupo, cuando otros grupos le preguntaban cual era nuestro proyecto, les contaba la historia de las medusas, hasta que los demás le decían que, si no quería contarlo, no lo hiciera, pero que no les soltara gilipolleces.

            -Había tres chicas a las que, por comodidad, llamábamos El ajedrez: una llevaba siempre cola de caballo, el caballo; otra era alta con moño arriba, el alfil; otra era baja con pelo tipo casco, el peón. Y siempre, siempre, iban las tres juntas. Y nunca, nunca, fueron especialmente relevantes en nada. Eso sí, a la hora de ponernos nota unos a otros, estoy seguro de que se comieron las pollas entre ellas como nunca se lo harán a sus parejas.

            – ¿Veis la chica que tenia a su novio haciendo practicas en un acuario? Pues no sirvió de una mierda. Habría sido igual de útil que estuviera haciendo prácticas de mamporrero.

            -Dos del grupo estuvieron semanas, SEMANAS, atados porque una decía que necesitaba saber cuantos tanques iba a poner otro para montar los planos de la instalación, mientras que el otro replicaba que necesitaba ver los planos de la instalación para calcular los tanques que pondría. Semanas-discutiendo-quien-la-tenia-mas-grande. Así lo entendí yo.

            – ¿Cómo olvidar el gran momento en el que una del tribunal, cuando presentamos, nos dejo caer alegremente que había un hipervínculo en el texto entregado, pero que por mas que clicaba con el dedo en la hoja, no se abría nada? Todos en silencio, quietos, estáticos, excepto la chica responsable, que lenta, muy lentamente, bajaba la cabeza mientras palidecía.        

            -Fui con mi amigo a mirar un supermercado en venta, como posible sitio donde montar nuestra piscifactoría. Como nadie te lleva de visita para que tu nota en la carrera sea alta, nos inventamos que el proyecto era real y estábamos interesados en comprar. Con la tontería y los nervios, entré en una especie de bucle patológico de mentiras y fantasía cuando hablaba con los de la agencia y el propietario, con mi colega presente, en silencio alucinado. Posteriormente lo definió como un “Mentía por mentir, contando historia que no hacían falta“¿Y le creían?”Joder, hasta yo me lo creía, quería ver donde terminaba todo”.

            -Cuanto menos tiempo quedaba para presentar, más se esforzaba la gente en hacer cosas; “¿Para que el trabajo saliera bien?” Jajaja, si, los cojones en salmuera, para poner que habían hecho X cosas y aspirar a notas mas altas. El punto llego a que uno del grupo quiso hacer la contabilidad de la empresa porque su hermana era de empresariales, o no se que pollada, y eso con la contabilidad ya hecha. Pues la repitió, y la repitió mal. Menos mal que nos quedamos con la inicial.

            -Momento verídico: teníamos que escoger a tres que presentaran el trabajo ante el tribunal, y una chica dijo “A mi me da igual, lo que queráis”. Con otros dos, me escogieron a mi también. La chica, que sudó en su momento, me culpaba posteriormente de haberme presentado (que ni siquiera me presente, que coño) para subir nota a costa de ella. Ya ves. Como si quisiera notas elevadas y llegar a algo en la vida.

¿Qué aprendí? Que a veces es mas importante pegar voces sobre lo poco que has hecho que hacer mucho. Que no necesitas saber hacer algo si conoces a alguien que si lo sepa hacer. Que ser jefe y líder son dos conceptos muy diferentes.

Y a hacer una piscifactoría de invertebrados marinos en el cantábrico. Esa inutilidad de manual también la aprendí.

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Categorías: Texto

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