Joder, ya es miércoles y yo sin subir entrada. Que putada, que no tengo nunca tiempo libre.

“Juegas un montón a Magic Arena”.

No tiene nada que ver, es por el trabajo…

“Juegas a Magic Arena en el trabajo”.

A la mierda, este además es mi blog y escribo lo que quiero, hoy vamos a hablar de Magic the Gathering. Hay que tener en cuenta que me encantan los juegos de cartas, lo que unido a mi suerte es como que te guste la pesca en alta mar, pero no tengas brazos ni piernas, puedes disfrutarlo, pero sabes que lo vas a pasar bastante mal con frecuencia. La cosa es que Magic the Gathering es básicamente el padre de los juegos de cartas coleccionables, y un juego al que aprendes a darle en una tarde y años después aun le gritas a la pantalla del portátil porque estas convencido de que el orden de habilidades no era así, que la partida estaba ganada y que te van a comer la polla, no vas a meter un solo euro en el juego. Por resumir la mecánica, eres una especie de super mago (habría hecho un chiste con “rechicero”, pero casi nadie pillaría la referencia y acabaría de mal humor) y tienes que reventar a tus rivales super magos a base de invocar criaturas, jugar hechizos y demás parafernalia; como esto no es Yu-Gi-Oh (tuve que buscar cómo se escribe) y las cosas que suceden en el juego no te dañan en la vida real, los jugadores parten de que tienen 20 vidas y si llegan a 0 o menos, pierden.

“¿Cómo Hearthstone?”

Se parecen como el ajedrez a las damas, pero vale, aceptamos la comparación por simplificar.

En el juego para poder usar tus cartas necesitas pagar sus costes de mana, lo que en el 95% de los casos se consigue girando tierras (sí, he hecho el chiste de enseñar esas cartas y decir “moza, tengo tierras”, no, no sirvió de nada, no, mis padres no son capaces de mirarme a los ojos), que bajan gratuitamente. Según el coste de las cartas y los tipos de tierra, hay cinco colores en el juego:

Rojo. Casi todo lo que te imaginas que puede ir en el rojo va en el rojo, y algunas cosas más también. Son dragones, trasgos, rayos, fuego y normalmente mecánicas de juego basadas en que antes de que juegues tu primera carta, ya te han quitado las 20 vidas.

Azul. Prácticamente el opuesto al rojo, se suele basar en controlar la mesa y ganarte en partida avanzada. Te contrarrestan tus cartas (lo que quiere decir que cuando las invocas, te las mandan a la puta), roban cartas adicionalmente y muchas veces te ganan por aburrimiento. Son hielo, agua, magos, la puta de mi ex…

Negro. Como el rojo, este es fácil de imaginar: vampiros, zombis, sangre, miedo, cosas que escribiría Lovecraft… posiblemente es el color que más he jugado, y por una vez fue casualidad.

Blanco. Opuesto al negro, aquí ganas vidas, tiene ángeles de sexualidad dudosa, en lugar de matarte las cosas te las encierra, muchos soldados… personalmente después del azul, diría que es el color más por culero.

Verde. Producen mucho mana, invocan criaturas muy grandes, te revientan. No es precisamente el hermano complicado.

Y no os preocupéis, que me guardo Magic para más entradas a petición del público. Y quien calla, otorga.

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Categorías: Texto

2 commentarios

Сialis · enero 3, 2019 a las 8:04 am

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