Porque ponerse en lo peor es un pasatiempo tan bueno como cualquier otro, lleno de graciosas y divertidas variantes deseosas de ser exploradas, a veces me da por ponerme hipocondriaco, problemas del tiempo libre. Y es muy, muy fácil en cuanto tienes algo de práctica. No recomiendo leer a partir de aquí si tenéis una buena base de vivir con miedo.

            -Vaya, me duele el abdomen. ¿Gases? ¿Retortijones? No, que va, apendicitis. Cada segundo que malgasto siendo lógico y pensando que puede ser cualquier otra posibilidad, se acerca el momento que mi intestino estalle como un globo de agua, pero sin el agua. “Joder, no tiene sentido, tu sabes de anatomía, sabes donde esta el apéndice”, claro, puede ser la otra opción, úlcera; en ese momento mi contenido estomacal se esta vertiendo por mi interior.

            – ¿Te levantas mal después de un día de fiesta, en el que no recuerdas haber bebido tanto? Quizás bebiste mas de lo que piensas. O quizás tienes cirrosis. Cirrosis antes de los treinta, ¿eh Carlos? Alguien está decidido a no llegar a los cincuenta.  

            – ¿Con que has tomado las copas? ¿Con refresco? ¿Coca cola? Vaya, vaya, donde tú dices refrescos, yo escucho diabetes. Nada mejor que diabetes para sentirte en el primer mundo.

            -Te levantas después de una buena noche de sueño, estornudas, escoge las opciones: ¿resfriado o gripe? Igual has pillado una gripe nueva, o es el resurgir de la gripe española, genial, saldrás en los libros de historia, ¡eres famoso! Miras el calendario, podría empezar la temporada de alergia, las gramíneas están locas con el cambio climático, yo casi que me quedo con la gripe, incluso la española, que ser patriota vuelve a ser moda.

            -Cada vez que bebes agua del grifo, es un milímetro que añades a esas hermosas piedras del riñón. El lado bueno es que después del tormento de dolor inimaginable, y la operación, te las puedes quedar en un tarro para asustar a tus sobrinos. Si la cirrosis no se te llevo antes, por supuesto.

            -Notas los dientes más sensibles, me duele un poco la encía, no pasa nada, siempre supe que conservar las muelas del juicio conllevaba el riesgo de caries. Es el precio que pagas por tener una dentadura de libro de medicina.

            -Recuerdo una asignatura de la carrera, Microbiología y parasitología sanitaria, esa puta mierda daba pánico. Los exámenes eran jodidos. Y a parte de eso, veías tal cantidad de organismos basados en hundir el tuyo propio, que no podías comprender que vivieras mas de 24 horas sin visitar un hospital. Al menos no negare que el catalogo era amplio y variado, desde amebas come cerebros a gusanos en el sistema circulatorio.

            -Es increíble la de veces que he doblado el cuerpo en posturas antinaturales que mi aversión al deporte y la salud deberían haber vuelto imposibles, o al menos haberme garantizado un billete de ida al hospital, sin que ocurriera nada, y sin embargo todavía me gusta levantarme de la cama pensando “me duele la espalda, nunca más podré llevar pesos, la he roto durmiendo en mala posición”.

            -Cuando no follo, es porque me da el miedo de que me pasen algo raro o dejarla embarazada. No podéis demostrar lo contrario, cabrones. Es mi palabra contra la realidad.

            – “Bueno, creo que me he pasado poniendo la música alta con los cascos. Si Beethoven pudo vivir sordo, yo también”.

            – “He mirado al Sol durante 1 segundo, ciego, ciego para la eternidad”.

            – ¿Me duele el cuerpo, o tengo síntomas extraños, y no se me ocurre que es? Estadísticamente, alguien tiene que ser el primero en coger esta nueva, dolorosa y letal enfermedad.

            -Y siempre, siempre, SIEMPRE, que ha pasado un tiempo en el que estoy sano, pienso de mi cuerpo lo mismo que pienso de la vida cuando no me ha apuñalado por la espalda en unos días: ¿Qué tienes planeado para mí, y por qué huele a que será grandioso?

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Categorías: Texto

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