Como una vez biólogo, siempre biólogo, no he podido evitar caer en la tentación de clasificar a la gente que te encuentras en el gimnasio según lo que podríamos ver como diferentes subespecies. Aviso que me referiré a ellas en masculino por tres razones:

  1. Considero que el masculino es el género neutro cuando hablas en plural.
  2. Seamos sinceros, al menos en mi gimnasio, los machos son más numerosos que las hembras (a mi pesar).
  3. Es mi blog y me lo follo como quiero.

Posiblemente omita algunas especies, ya sea porque sus poblaciones son muy bajas o porque carecen de interés para mis estudios.

  • El palomo (cuerpus descompensadus). No se ha saltado el día de piernas porque directamente nunca lo ha tenido. Con unos brazos y un pecho tan absurdamente grandes que estas convencido de que no puede tocarse la cara porque los músculos le hacen de tope, sus piernas, que parecen sacadas del espantapájaros más barato del granero, desafían la gravedad y consiguen moverle. Para mi esas piernas, forzadas a sostener varias veces el peso para el que han sido entrenadas, son la auténtica parte de su cuerpo que merece respeto. Aguardo con paciencia el momento que la realidad se imponga y esas personas caigan al suelo sin poder incorporarse de nuevo.
  • El fibroso (perpetus movimientus). Cuando tú llegas, está haciendo ejercicios. Cuando marches, seguirá haciendo ejercicios. La entropía llegará al mundo eventualmente, y lo encontrará haciendo ejercicios. Normalmente en las cintas de correr o las bicicletas estáticas, no es descartable encontrarlos también en esterillas o en máquinas de ejercicios ligeros. Delgados, secos, formados en un 95% de piel y huesos, con los ojos mirando un vacío que los demás mortales desconocemos, apenas unas gotas de sudor confirman que sí, que la cinta no miente, que esa persona lleva más de una hora corriendo y solo ha empezado su rutina.
  • El fibroso de roca (imposibulus fuertus). Con una fisiología similar a los anteriores, son los hombres hormiga: levantan varias veces su propio peso. Colocan sus 50 kg debajo de barras de 150 kg para hacer levantamientos que, usando lo que conocemos de medicina y física modernas, no deberían ser posibles. No importa cuánto calcules y midas su masa muscular, pesos, palancas, posiciones… los números no dan; y, sin embargo, lo levanta. Y te hace varias repeticiones.
  • El tonel de carne (inmensus hercules). Sus músculos no están definidos porque son demasiado grandes para ello. Tan anchos como altos, estas personas levantan el gimnasio entero para hacer sus ejercicios diarios. Son los hipopótamos del hábitat, temidos y respetados a partes iguales, estos bonachones individuos pastan a sus anchas sabiendo que nadie perturbará sus rutinas.
  • El culturista (adonis definitus). Buscan convertirse en el atlas muscular humano perfecto. Cada musculo debe destacar y lucirse por sí mismo a la vez que complementa a sus hermanos. Formados por piel y músculos únicamente (usan musculo hiper comprimido como hueso, carecen de huesos en realidad), se alimentan de la admiración que causan en el resto. En las épocas de invierno, hibernan en los gimnasios a la espera de que el frio se vaya y puedan colonizar de nuevo sus hábitats naturales, en playas y parques.
  • El niño-hombre (imberbus gigantus). Una combinación grotesca de un cuerpo que se encuentra entre el limbo de culturista y tonel de carne, pero con una cabeza pequeña y carente de barba; como si alguien hubiera cogido un recién nacido y le hubiera metido hormonas de crecimiento a kilos, pero sin que pudieran pasar del cuello hacia arriba. No tengo claro de donde surgen, y su visión siempre me causa incomodidad, consciente de que estoy observando una anti-naturalidad.
  • El real. Todo lo que hace cumple leyes físicas y biológicas. Aquí tendríamos a su vez tres subespecies:
    • Bicho palo (Phobaeticus chani). Similares al fibroso, con una diferencia: sus cuerpos se ven afectados por la realidad. Luchan con una tenacidad digna de mejores causas por ganar un mínimo de masa muscular, asustados de que en algún momento necesiten tener que hacer algo que requiera un mínimo de fuerza o resistencia.
    •  Hombre normal (homo sapiens). Muy aburrido. Todos lo conocéis.
    • El gordo (obesus tenacius). Porque a veces la masa de carne que tenemos en frente de nuestros ojos está formada en su mayoría por grasa, podemos descubrirlos gracias a la baja intensidad de sus ejercicios en comparación a otros organismos presentes. Inconformes con el físico que la naturaleza les ha dado, luchan valientemente, entre tarta y tarta, por no convertirse en la próxima ballena víctima de una insuficiencia cardiaca.
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