A veces, tanto consciente como inconscientemente, copio rasgos de otras personas. No me refiero a nada exagerado, si realmente pudiera copiar los cojones iba a ser yo así, sino pequeños detalles, expresiones, gestos que me llaman la atención y acabo incorporando a mi propio repertorio. Tengo un compendio (ni idea de si el término está bien usado aquí, ¿pero y lo bien que queda?) entero de particularidades que en realidad he incluido de otras personas que eran sus originales poseedores. Y aunque con algunas me he quedado con las ganas, ya que he aceptado hace años que nunca seré capaz de enarcar una ceja, siempre acabo levantando las dos y más que interesante, parezco Milhouse con canas, otras si que me son ya cotidianas.

Recuerdo que durante años pensé que había cogido el “Ak ak ak”, un sonido que hago como risa malvada, de un colega mío, hasta que, comentando el asunto, él me respondió que pensaba que lo había copiado de mí. Los dos estuvimos años haciendo ese sonido, ambos convencidos de que lo habíamos copiado del otro, cuando la fuente original ha desaparecido ya en los albores del tiempo. Ni repajolera idea de donde coño lo habremos sacado, si tuviera que apostar, algún ruso en un videojuego, suena a algo que harían los rusos.

También me sucede cuando me bloqueo u ofusco (que bueno soy a veces con los adjetivos, y que malo con el resto) que suelto un “Ocurre porque patatas”. Sirve para todo. “Y aquí estos datos salen significativos porque patatas”, “decidí meterme otra copa porque patatas”, “después de prenderle fuego a su casa, cerré con llave por fuera porque patatas”. De nuevo, no sabría decir la fuente original (no descarto que algún colega que lea el blog, porque esta mierda la leen colegas o gente a la que acabo de engañar para ello, me pueda solucionar la duda, y quizás meterme una demanda por apropiación cultural) pero la expresión no me surgió de la nada. Tengo una variante que es “fue demostrado por un estudio de la Universidad De Mis Cojones”, pero es mas contextual y la aprovecho menos. Robada también fijísimo, vamos, seguro.

Otros los tengo en trámites. Hay un chaval que hace un sonido de exasperación que quiero para mí. Es un “Aaaah” único, ahogado, incomparable, es el sonido que hace un alma humana cuando esta llegando al limite de su paciencia. Es el sonido que hace la Evolución cuando cogemos una especie animal y la criamos para que se vuelva retrasada e inútil, el sonido que hace un hígado cuando llevas 48 horas bebiendo y las fiestas son tres días, Hera cada vez que Zeus se bajaba a la tierra y se follaba a otra humana (como quien no quiere, un poco de cultura clásica). Cuentan las historias que en el piso donde vivía el chaval, en ocasiones afortunadas se podía escuchar ese bramido ronco surgiendo de la habitación, “¡Aaaah me cago en mi puta vida, aun me queda otro tema más!”, “¡Aaaah joder, no había guardado en dos horas, los plomos, se ha ido la luz!”.

Últimamente también quiero aprender una risa burlesca nueva, que hacen un grupo de chavales con los que juego, y no sabría cómo poner la onomatopeya, es un “Aaah” bajo, breve y con cierto aire de retrasado. Es el sonido que haría un niño rata al ganarte en un juego, el sonido del imbécil del grupo que no puedes beber vodka y te lo echa en la copa a traición, el sonido que hace la vida cuando estas seguro de algo y te apuñala por la espalda, repetidas veces, y se acerca a tu oreja cuando estas en agonía y hace “Aaah”. Es un sonido asqueroso y horrible que prende ira en el corazón de las víctimas. Y a pesar de eso, vale más tenerlo y no necesitarlo que necesitarlo y no tenerlo. Como los condones, un arma de electroshock o la paranoia.

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Categorías: Texto

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