Fascista y palabras similares llevan siendo una temporada términos muy de moda dentro del mundo de la política (quien iba a pensar que en la política también había modas) pero es que, al menos en mi caso, se ha llegado a un punto en que creo que “fascista” es la palabra que más he oído en los últimos tres días, por encima de otras habituales como “depresión”, “juego” o “que te jodan” (esta son tres, pero la añado igualmente, que os jodan), hasta el punto de que prácticamente ha perdido su significado. Es un comodín. Es como decir “facha” o “feminazi”, solo que encima gracias a su significado difuso, se puede usar en casi todo, nadie está a salvo, al punto de que yo veo que dentro de unos años sea parte del lenguaje común:

-Hombre Manolo, fascista mio, ¿Qué haces por aquí?

-Nada, que dentro de poco es el cumpleaños de la fascista de mi mujer y tengo que comprarle algo.

– ¿Qué tienes pensado?

-Una estatua a tamaño natural de Mussolini hecha de oro y zafiros.

-Que gran fascista eres siempre, Manolo, no me fasciscambies nunca.

¿Pero porque de repente esa fama? Porque en la tierra del rebujito ha habido elecciones, y por lo visto mucha gente vivía en mundos de yupi ajenos a la realidad. Que ni yo me esperaba esa subida de los partidos de derechas, pero la izquierda debería haberse preparado, teniendo en cuenta precisamente que, de la misma forma que los demócratas son los principales responsables de Trump, la izquierda española (sobre todo el ala más radical) son los principales responsables de la derecha radical. ¿Pero entonces habrán hecho autocritica, habrán comprendido los caminos equivocados que han tomado y habrán…? Habrán hecho mierda. Han tirado suficientes balones fuera para llenar una piscina de bolas, culpando a todos los demás, como si a los otros partidos de derechas les emocionara compartir votos con más opciones. En lugar de entender que quizás había gente cansada de que les trataran de opresores idiotas, se dedicaron a organizar manifestaciones a favor de la democracia porque un resultado democrático no les ha gustado. Tócate los cojones. ¿Cuántos de esos manifestantes se habrían quedado en casa viendo crecer la hierba en lugar de votar, en unas elecciones donde la abstención fue superior al 50% y principalmente por parte de la izquierda? ¿Si esa gente que no se molestó en participar en el juego, ahora lloran porque su equipo ha perdido? ¿Estamos todos locos o qué? (pregunta retórica, hace años que entendí que sí, que lo estamos en el país de la pandereta).

Así que ahora la izquierda vuelve a tratarnos de idiotas y se radicaliza un poco más. Como si ese no hubiera sido el desencadenante inicial. Y el problema de los extremos es que al final, los que estamos en medio, que nunca hemos votado ni apoyado ninguna de esas opciones, nos comemos el fuego cruzado. El milagro de la democracia, como dijo George Bernard Shaw: “La democracia sustituye la designación de una minoría corrupta por la elección de una mayoría incompetente”.

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Categorías: Texto

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